La segunda mitad de junio seguía avanzando en Icónica Santalucía Sevilla Fest con una de las citas más esperadas de toda la edición. Tras la visita de Kany García el día anterior y antes de que la electrónica de Charlotte de Witte y Rebels tomaran el relevo durante el fin de semana, la Plaza de España recibía a una de las figuras más importantes de la música española.
Era nuestra octava cobertura del ciclo —nueve si tenemos en cuenta el doblete de Aitana— y, una jornada más, el horario previsto para las diez de la noche impedía la celebración del ya habitual Icónica Lights, una ausencia que se ha convertido casi en una constante durante esta segunda mitad del festival.
El ambiente, sin embargo, invitaba al optimismo. Las temperaturas habían dado una pequeña tregua y, bajo un cielo sevillano todavía teñido por los últimos colores del atardecer, se respiraba una calma muy distinta a la de jornadas anteriores. El público, mayoritariamente situado entre los cuarenta y cinco y los setenta años, aportaba una elegancia y una educación que se percibían desde mucho antes del comienzo del concierto.

© Raphael en Icónica Sevilla · Oscar Romero
Una vez más, Curro se convertía en uno de los protagonistas inesperados de la previa. El habitual paseo de la mascota del 92 por las instalaciones del festival adquirió una dimensión especial en esta ocasión. Muchos asistentes decidían acompañarlo, hacerse fotografías con él y revivir, inevitablemente, algunos recuerdos de aquella Sevilla de principios de los noventa.
La configuración del recinto mantenía el graderío incorporado durante la jornada anterior con Kany García, una adaptación que volvería a repetirse al día siguiente con Raphael y que permitía una visión más cómoda del escenario para una audiencia que acudía con ganas de reencontrarse con una de las voces que han acompañado varias generaciones.
Porque el de Linares regresaba a Sevilla inmerso en su gira Raphaelísimo 2026 (Raphael: Ayer… Aún), apenas unos meses después de haber retomado plenamente la actividad tras superar los problemas de salud que obligaron a interrumpir momentáneamente su agenda. El pasado año ya habíamos tenido la oportunidad de verle en otro recinto emblemático como la Plaza de Toros de la Maestranza, en una noche que colgó el cartel de lleno absoluto, y ahora volvía a encontrarse con la Plaza de España cinco años después de su última actuación en Icónica.
🎙️ Un artista que sigue viviendo cada canción
Con algo más de diez minutos de retraso sobre el horario previsto, los diez músicos que conformaban la banda fueron ocupando sus posiciones mientras las luces de la Plaza comenzaban a parpadear en blanco y el escenario se teñía de azul.
La melodía inicial terminaba desembocando en La Noche. Desde el lateral derecho aparecía Raphael, vestido completamente de negro y luciendo un llamativo traje adornado con pequeñas perlas oscuras. La puesta en escena era sobria, elegante y tremendamente efectiva. Dos niveles apenas separados por unos peldaños, una gran pantalla sobre la banda y una iluminación perfectamente diseñada para acompañar el repertorio sin distraer la atención de lo verdaderamente importante.

© Raphael en Icónica Sevilla · Oscar Romero
Con Yo Sigo Siendo Aquel, el color rojo tomaba el escenario mientras el artista se desprendía de la chaqueta. Y era imposible no pensar que aquella frase del estribillo, "yo sigo siendo aquel, el mismo Raphael de siempre", terminaba funcionando casi como una declaración de principios.
Porque si algo volvió a demostrar el artista durante toda la noche fue precisamente eso. Que sigue sintiendo cada canción como si la estuviera interpretando por primera vez.
La realización entendía perfectamente dónde debía situar la mirada del espectador. El piano, el saxofón, los instrumentos de cuerda o el propio artista iban cobrando protagonismo en función del momento, mientras entre canción y canción las cegadoras se encendían suavemente y toda la Plaza de España respondía con una ovación prácticamente unánime.
✨ La Plaza de España se convirtió en parte del espectáculo
Si algo llamó la atención durante toda la noche fue la manera en la que el equipo de producción supo aprovechar las posibilidades de un recinto como la Plaza de España.
Ya lo habíamos comentado durante su concierto en la Maestranza, pero aquí la sensación era incluso más evidente. La iluminación de los arcos, las columnas y las torres terminaba formando parte del propio espectáculo, consiguiendo que el público se sintiera completamente inmerso en cada canción.
La silla situada en el centro del escenario comenzaba a cobrar importancia durante Cierro Mis Ojos y sería protagonista en varios momentos posteriores. Precisamente sobre ella se apoyaría durante Digan lo que Digan, una interpretación en la que incluso un pequeño fallo momentáneo del micrófono pasó prácticamente desapercibido ante la entrega del público.
La reacción fue todavía mayor con Mi Gran Noche. Los tonos amarillos, naranjas y rojos inundaron la Plaza mientras miles de personas levantaban las manos y cantaban de principio a fin uno de los himnos más universales de la música española. La propia banda parecía disfrutar tanto como el público, y bastaba observar el rostro del artista durante los momentos en los que cedía el protagonismo a los asistentes para entender hasta qué punto sigue viviendo por y para los escenarios.

© Raphael en Icónica Sevilla · Oscar Romero
Los pasajes más íntimos llegaron con Amo, Si No Estuvieras Tú o Tema de Amor, donde la combinación entre los instrumentos de cuerda y la iluminación más tenue permitió contemplar a un Raphael especialmente contenido y elegante.
🇫🇷 De París a Sevilla: un viaje entre emociones
Uno de los bloques más especiales de la noche llegó con el repertorio francés.
Antes de La Vie en Rose, el clarinete quedó prácticamente solo sobre el escenario mientras las luces azules daban paso poco a poco a las tonalidades rosadas. La realización aplicaba filtros de imagen que evocaban el cine clásico y, por momentos, la Plaza de España parecía haberse trasladado a otro tiempo y a otra ciudad.
Padam, Padam, La Vie en Rose y Hymne à l'Amour fueron construyendo uno de los momentos más delicados del concierto. La incorporación progresiva de los instrumentos y el respeto absoluto del público convirtieron estas interpretaciones en pequeños ejercicios de elegancia y sensibilidad.

© Raphael en Icónica Sevilla · Mauri Buhigas
Especialmente emocionante resultó el final de Hymne à l'Amour. Raphael permanecía en silencio mientras toda la banda continuaba sonando y la ovación de la Plaza de España terminaba arrancándole una visible emoción.
La misma delicadeza acompañó después a Malena, apenas sostenida por el piano y dos haces de luz, y a Amor Mío, uno de esos temas en los que el artista volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los grandes intérpretes de nuestro país. Cada gesto, cada silencio y cada mirada parecían formar parte de una representación perfectamente medida.
❤️ Sevilla sigue enamorada de Raphael
A diferencia de otras jornadas del festival, apenas se percibía la presencia de teléfonos móviles. Algo que ya habíamos observado unos días antes con Los Delinqüentes volvía a repetirse aquí. El público prefería escuchar, aplaudir y contemplar a un artista que no necesitaba recurrir a artificios para mantener la atención de más de ocho mil personas.
La emoción fue creciendo con Llorona y alcanzó uno de sus momentos más bonitos con Estar Enamorado. Las luces lilas y verdes se extendían por los arcos de la Plaza mientras miles de personas balanceaban las manos de un lado a otro.
Cuando Raphael cantaba "estar enamorado es descubrir lo bella que es la vida", Sevilla respondía completando los versos, como si ambas partes mantuvieran una conversación iniciada hace décadas.

© Raphael en Icónica Sevilla · Oscar Romero
Y quizá era exactamente eso. Porque a esas alturas de la noche daba la sensación de que Sevilla seguía enamorada de Raphael. De sus canciones. De los recuerdos asociados a ellas. De esa forma tan particular de interpretar y de esa teatralidad que nunca ha perdido.
La emoción seguía creciendo con En Carne Viva, Se Nos Rompió el Amor y un extraordinario Qué Sabe Nadie, donde los silencios entre estrofas y el protagonismo del piano demostraban que, incluso en los momentos más intensos, Raphael sigue entendiendo que muchas veces menos es más.
👏 "Yo estoy aquí, un año más, señores"
La recta final del concierto fue una sucesión de himnos.
Yo Soy Aquél llegó acompañada por imágenes de distintas etapas de su carrera proyectadas sobre las pantallas. Las luces rojas y blancas se extendían por toda la Plaza mientras el público acompañaba cada verso con una emoción que parecía ir creciendo a medida que avanzaba la canción.
Fue entonces cuando Raphael rompió por fin el silencio que había mantenido prácticamente durante toda la noche:"Yo estoy aquí, un año más, señores", repetía en varias ocasiones mientras toda la Plaza de España respondía con una ovación ensordecedora.

© Raphael en Icónica Sevilla · Oscar Romero
La falsa despedida desembocó en Escándalo, recibida con el entusiasmo que cabía esperar, antes de que Como Yo Te Amo pusiera el broche definitivo a una noche que terminó puntualmente a las once y cincuenta y siete.
Y mientras el público abandonaba lentamente el recinto, la sensación era la misma que ya tuvimos hace un año en la Maestranza. Que hay artistas que llenan recintos. Y luego está Raphael.
Un intérprete que, más de seis décadas después de su debut, sigue siendo capaz de emocionar, sorprender y hacer que varias generaciones se reencuentren con una parte de su propia historia.
Porque quizá por eso, cuando Sevilla coreaba su nombre una y otra vez, no estaba celebrando únicamente una carrera. Estaba dando las gracias a una voz que ha acompañado toda una vida.
La segunda mitad de junio seguía avanzando en Icónica Santalucía Sevilla Fest con una de las citas más esperadas de toda la edición. Tras la visita de Kany García el día anterior y antes de que la electrónica de Charlotte de Witte y Rebels tomaran el relevo durante el fin de semana, la Plaza de España recibía a una de las figuras más importantes de la música española.
Era nuestra octava cobertura del ciclo —nueve si tenemos en cuenta el doblete de Aitana— y, una jornada más, el horario previsto para las diez de la noche impedía la celebración del ya habitual Icónica Lights, una ausencia que se ha convertido casi en una constante durante esta segunda mitad del festival.
El ambiente, sin embargo, invitaba al optimismo. Las temperaturas habían dado una pequeña tregua y, bajo un cielo sevillano todavía teñido por los últimos colores del atardecer, se respiraba una calma muy distinta a la de jornadas anteriores. El público, mayoritariamente situado entre los cuarenta y cinco y los setenta años, aportaba una elegancia y una educación que se percibían desde mucho antes del comienzo del concierto.

© Raphael en Icónica Sevilla · Oscar Romero
Una vez más, Curro se convertía en uno de los protagonistas inesperados de la previa. El habitual paseo de la mascota del 92 por las instalaciones del festival adquirió una dimensión especial en esta ocasión. Muchos asistentes decidían acompañarlo, hacerse fotografías con él y revivir, inevitablemente, algunos recuerdos de aquella Sevilla de principios de los noventa.
La configuración del recinto mantenía el graderío incorporado durante la jornada anterior con Kany García, una adaptación que volvería a repetirse al día siguiente con Raphael y que permitía una visión más cómoda del escenario para una audiencia que acudía con ganas de reencontrarse con una de las voces que han acompañado varias generaciones.
Porque el de Linares regresaba a Sevilla inmerso en su gira Raphaelísimo 2026 (Raphael: Ayer… Aún), apenas unos meses después de haber retomado plenamente la actividad tras superar los problemas de salud que obligaron a interrumpir momentáneamente su agenda. El pasado año ya habíamos tenido la oportunidad de verle en otro recinto emblemático como la Plaza de Toros de la Maestranza, en una noche que colgó el cartel de lleno absoluto, y ahora volvía a encontrarse con la Plaza de España cinco años después de su última actuación en Icónica.
🎙️ Un artista que sigue viviendo cada canción
Con algo más de diez minutos de retraso sobre el horario previsto, los diez músicos que conformaban la banda fueron ocupando sus posiciones mientras las luces de la Plaza comenzaban a parpadear en blanco y el escenario se teñía de azul.
La melodía inicial terminaba desembocando en La Noche. Desde el lateral derecho aparecía Raphael, vestido completamente de negro y luciendo un llamativo traje adornado con pequeñas perlas oscuras. La puesta en escena era sobria, elegante y tremendamente efectiva. Dos niveles apenas separados por unos peldaños, una gran pantalla sobre la banda y una iluminación perfectamente diseñada para acompañar el repertorio sin distraer la atención de lo verdaderamente importante.

© Raphael en Icónica Sevilla · Oscar Romero
Con Yo Sigo Siendo Aquel, el color rojo tomaba el escenario mientras el artista se desprendía de la chaqueta. Y era imposible no pensar que aquella frase del estribillo, "yo sigo siendo aquel, el mismo Raphael de siempre", terminaba funcionando casi como una declaración de principios.
Porque si algo volvió a demostrar el artista durante toda la noche fue precisamente eso. Que sigue sintiendo cada canción como si la estuviera interpretando por primera vez.
La realización entendía perfectamente dónde debía situar la mirada del espectador. El piano, el saxofón, los instrumentos de cuerda o el propio artista iban cobrando protagonismo en función del momento, mientras entre canción y canción las cegadoras se encendían suavemente y toda la Plaza de España respondía con una ovación prácticamente unánime.
✨ La Plaza de España se convirtió en parte del espectáculo
Si algo llamó la atención durante toda la noche fue la manera en la que el equipo de producción supo aprovechar las posibilidades de un recinto como la Plaza de España.
Ya lo habíamos comentado durante su concierto en la Maestranza, pero aquí la sensación era incluso más evidente. La iluminación de los arcos, las columnas y las torres terminaba formando parte del propio espectáculo, consiguiendo que el público se sintiera completamente inmerso en cada canción.
La silla situada en el centro del escenario comenzaba a cobrar importancia durante Cierro Mis Ojos y sería protagonista en varios momentos posteriores. Precisamente sobre ella se apoyaría durante Digan lo que Digan, una interpretación en la que incluso un pequeño fallo momentáneo del micrófono pasó prácticamente desapercibido ante la entrega del público.
La reacción fue todavía mayor con Mi Gran Noche. Los tonos amarillos, naranjas y rojos inundaron la Plaza mientras miles de personas levantaban las manos y cantaban de principio a fin uno de los himnos más universales de la música española. La propia banda parecía disfrutar tanto como el público, y bastaba observar el rostro del artista durante los momentos en los que cedía el protagonismo a los asistentes para entender hasta qué punto sigue viviendo por y para los escenarios.

© Raphael en Icónica Sevilla · Oscar Romero
Los pasajes más íntimos llegaron con Amo, Si No Estuvieras Tú o Tema de Amor, donde la combinación entre los instrumentos de cuerda y la iluminación más tenue permitió contemplar a un Raphael especialmente contenido y elegante.
🇫🇷 De París a Sevilla: un viaje entre emociones
Uno de los bloques más especiales de la noche llegó con el repertorio francés.
Antes de La Vie en Rose, el clarinete quedó prácticamente solo sobre el escenario mientras las luces azules daban paso poco a poco a las tonalidades rosadas. La realización aplicaba filtros de imagen que evocaban el cine clásico y, por momentos, la Plaza de España parecía haberse trasladado a otro tiempo y a otra ciudad.
Padam, Padam, La Vie en Rose y Hymne à l'Amour fueron construyendo uno de los momentos más delicados del concierto. La incorporación progresiva de los instrumentos y el respeto absoluto del público convirtieron estas interpretaciones en pequeños ejercicios de elegancia y sensibilidad.

© Raphael en Icónica Sevilla · Mauri Buhigas
Especialmente emocionante resultó el final de Hymne à l'Amour. Raphael permanecía en silencio mientras toda la banda continuaba sonando y la ovación de la Plaza de España terminaba arrancándole una visible emoción.
La misma delicadeza acompañó después a Malena, apenas sostenida por el piano y dos haces de luz, y a Amor Mío, uno de esos temas en los que el artista volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los grandes intérpretes de nuestro país. Cada gesto, cada silencio y cada mirada parecían formar parte de una representación perfectamente medida.
❤️ Sevilla sigue enamorada de Raphael
A diferencia de otras jornadas del festival, apenas se percibía la presencia de teléfonos móviles. Algo que ya habíamos observado unos días antes con Los Delinqüentes volvía a repetirse aquí. El público prefería escuchar, aplaudir y contemplar a un artista que no necesitaba recurrir a artificios para mantener la atención de más de ocho mil personas.
La emoción fue creciendo con Llorona y alcanzó uno de sus momentos más bonitos con Estar Enamorado. Las luces lilas y verdes se extendían por los arcos de la Plaza mientras miles de personas balanceaban las manos de un lado a otro.
Cuando Raphael cantaba "estar enamorado es descubrir lo bella que es la vida", Sevilla respondía completando los versos, como si ambas partes mantuvieran una conversación iniciada hace décadas.

© Raphael en Icónica Sevilla · Oscar Romero
Y quizá era exactamente eso. Porque a esas alturas de la noche daba la sensación de que Sevilla seguía enamorada de Raphael. De sus canciones. De los recuerdos asociados a ellas. De esa forma tan particular de interpretar y de esa teatralidad que nunca ha perdido.
La emoción seguía creciendo con En Carne Viva, Se Nos Rompió el Amor y un extraordinario Qué Sabe Nadie, donde los silencios entre estrofas y el protagonismo del piano demostraban que, incluso en los momentos más intensos, Raphael sigue entendiendo que muchas veces menos es más.
👏 "Yo estoy aquí, un año más, señores"
La recta final del concierto fue una sucesión de himnos.
Yo Soy Aquél llegó acompañada por imágenes de distintas etapas de su carrera proyectadas sobre las pantallas. Las luces rojas y blancas se extendían por toda la Plaza mientras el público acompañaba cada verso con una emoción que parecía ir creciendo a medida que avanzaba la canción.
Fue entonces cuando Raphael rompió por fin el silencio que había mantenido prácticamente durante toda la noche:"Yo estoy aquí, un año más, señores", repetía en varias ocasiones mientras toda la Plaza de España respondía con una ovación ensordecedora.

© Raphael en Icónica Sevilla · Oscar Romero
La falsa despedida desembocó en Escándalo, recibida con el entusiasmo que cabía esperar, antes de que Como Yo Te Amo pusiera el broche definitivo a una noche que terminó puntualmente a las once y cincuenta y siete.
Y mientras el público abandonaba lentamente el recinto, la sensación era la misma que ya tuvimos hace un año en la Maestranza. Que hay artistas que llenan recintos. Y luego está Raphael.
Un intérprete que, más de seis décadas después de su debut, sigue siendo capaz de emocionar, sorprender y hacer que varias generaciones se reencuentren con una parte de su propia historia.
Porque quizá por eso, cuando Sevilla coreaba su nombre una y otra vez, no estaba celebrando únicamente una carrera. Estaba dando las gracias a una voz que ha acompañado toda una vida.







