© Pablo Alborán en la Plaza de España · Mauri Buhias
© Pablo Alborán en la Plaza de España · Mauri Buhigas
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De la Sala Caramelo a la Plaza de España: el regreso más especial de Pablo Alborán

De la Sala Caramelo a la Plaza de España: el regreso más especial de Pablo Alborán

De la Sala Caramelo a la Plaza de España: el regreso más especial de Pablo Alborán

La segunda semana de Icónica Santalucía Sevilla Fest continuaba el viernes con otro de los grandes nombres de Andalucía. Apenas veinticuatro horas después del paso de Lola Índigo por la Plaza de España, era el turno de Pablo Alborán, que regresaba a Sevilla después de haber arrancado su nueva gira en ciudades como Madrid, Bilbao, Barcelona, Valencia o Murcia y de firmar, apenas unos días antes, una noche histórica en Marenostrum Fuengirola.

Pero la cita sevillana llegaba con un contexto diferente. Si la granadina había apostado por un repaso a todos sus éxitos, el malagueño aterrizaba con una propuesta claramente marcada por KM0, un trabajo concebido tras casi tres años lejos de los escenarios y que gira alrededor de una idea muy concreta: volver a empezar.

También cambiaba el ambiente. Frente al público más familiar de las jornadas de Aitana o Lola Índigo, la Plaza de España presentaba un perfil ligeramente más adulto, con una audiencia joven, situada mayoritariamente entre los veinte y los treinta años, aunque con la misma energía y las mismas ganas de disfrutar de una nueva noche en Icónica.

En esta ocasión sí hubo tiempo para disfrutar del espectáculo de Icónica Lights, dedicado este año a Granada. Y a las 22:36, con unos minutos de retraso, las pantallas comenzaban a mostrar montañas, carreteras, coordenadas y relojes. Una sucesión de imágenes en blanco y negro que poco a poco se irían transformando hasta desembocar en el color que ha presidido toda esta nueva etapa.

El rojo.

© Pablo Alborán en la Plaza de España · Mauri Buhigas
© Pablo Alborán en Icónica · Mauri Buhigas

💙 Una producción marcada por el universo de KM0

La aparición de Pablo Alborán sobre un escenario completamente teñido de rojo daba paso a Clickbait, uno de los temas más destacados de su último trabajo. Desde los primeros minutos resultaba evidente que la producción había sido diseñada alrededor del imaginario visual del disco.

Tabú introducía las primeras tonalidades azules de la noche y permitía descubrir una banda formada por seis músicos que acompañarían al artista durante todo el concierto.

"Sevilla, buenas noches. Madre mía, estar aquí es un regalo. Volvemos a tejer juntos varios recuerdos, como si cada canción fuera un hilo que va a unir nuestros corazones. Esta noche mi reto es que sea una noche imborrable para vosotros y para nosotros, y que las canciones corran como el Guadalquivir".

No tardó demasiado en aparecer el Pablo más cercano.

© Pablo Alborán en Icónica · Mauri Buhigas

Quién, introducida desde el piano y con los distintos instrumentos incorporándose poco a poco, recuperaba uno de los grandes clásicos de su repertorio bajo una nueva sensibilidad. Algo parecido ocurría con Me Quedo, donde la flauta travesera adquiría un protagonismo especial entre visuales dominados por elementos naturales y primeros planos del propio artista.

Una vez más, Pablo volvió a apostar por reinterpretar buena parte de su repertorio. Una decisión que lleva años acompañando a sus directos y que aportaun matiz distinto a canciones que el público conoce prácticamente de memoria.

🌅 Entre el desamor y las canciones de siempre

La transición hacia Vámonos de Aquí introducía una estética cercana al western, con guitarras, golpes contra el suelo y un vehículo con matrícula KM0 proyectado en las pantallas. La Plaza de España, nuevamente bañada de rojo, acompañó uno de los momentos más celebrados del concierto.

"Se acabó el amor, vámonos de aquí, fuimos dos idiotas intentando ser feliz", cantaba una Plaza de España completamente teñida de rojo.

No Vaya a Ser cambió por completo el paisaje visual, sustituyendo los rojos por tonos celestes y una gran selva proyectada sobre las pantallas. También aquí cobraron especial protagonismo las luces situadas tras el escenario, que permitían extender la experiencia al conjunto del monumento.

Poco después llegaría uno de los momentos más distendidos de la noche.

© Pablo Alborán en la Plaza de España · Mauri Buhigas
© Pablo Alborán en Icónica · Mauri Buhigas

Antes de interpretar Qué Tal Te Va, Pablo compartió con humor la historia de una seguidora que, según le había contado, se había encontrado en la cola del concierto con su expareja y aquella persona que supuestamente "solo era un amigo". Entre risas y un improvisado "salseo, salseo", el artista convirtió la canción en una especie de terapia colectiva para todos los corazones rotos presentes aquella noche.

"Qué bonita esta tierra, Sevilla", comentaba poco después.

Y canciones como Tanto volvían a recordar por qué buena parte del repertorio del malagueño ha conseguido mantenerse vigente durante tantos años.

🎹 Un concierto que también encontró espacio para la intimidad

Con el bajista permaneciendo solo sobre el escenario, el concierto entró en uno de sus bloques más íntimos.

Mis 36 y Planta 7 devolvieron a Pablo al piano, acompañado únicamente por una iluminación roja y blanca y por un gran círculo carmesí proyectado sobre las pantallas. Antes de interpretar esta última, el artista la definía como un canto a la esperanza para todas aquellas personas que alguna vez han rezado por alguien cercano.

La llegada de Algo de Mí permitió recuperar a toda la banda y dar paso a uno de esos momentos que forman parte de la personalidad de sus conciertos.

© Pablo Alborán en la Plaza de España · Mauri Buhigas
© Pablo Alborán en Icónica · Mauri Buhigas

Tras leer varios carteles entre el público, Pablo escogió a un grupo de seguidores para compartir escenario con él durante el medley formado por Perfectos Imperfectos, Que Siempre Sea Verano, Tu Refugio y Dónde Está el Amor. Rodeado por toda la banda y por esos invitados improvisados, el malagueño fue enlazando canciones bajo una iluminación mucho más cálida.

La siguiente sorpresa llegó con Perdóname. Antes de comenzar, Pablo confesó que le habían asegurado que en Sevilla se bailaba especialmente bien la bachata. Y precisamente bajo ese lenguaje decidió reinterpretar uno de los mayores éxitos de su carrera.

Sevilla, Saturno y los recuerdos

Pasos de Cero y una primera interpretación de Tiempos Bonitos, una canción todavía inédita que definió como un tema para el verano, sirvieron como antesala de uno de los momentos más especiales de toda la noche.

La Plaza de España se llenó de miles de luces procedentes de los teléfonos móviles durante Saturno, mientras las pantallas recuperaban las tonalidades en blanco y negro.

Cuando la canción terminó, Pablo aprovechó para agradecer el cariño recibido durante todos estos años, recordar el papel que juega el público en su vida y dedicar unas palabras tanto a su familia, presente aquella noche en Sevilla, como a todas las personas que trabajan detrás del escenario.

También hubo tiempo para mirar atrás: el malagueño recordó aquella primera visita a la desaparecida Sala Caramelo, cuando el público agotó las entradas y permaneció a las puertas esperando un segundo pase.

"Siempre estaré para Sevilla", confesaba antes de arrancar una de las grandes ovaciones de la noche.

"Con S de Sevilla, S de Saturno y S de Solamente Tú".

Y precisamente Solamente Tú apareció poco después bajo una atmósfera azul y acompañado únicamente por una guitarra.

© Pablo Alborán en la Plaza de España · Mauri Buhigas
© Pablo Alborán en Icónica · Mauri Buhigas

🤍 Mirar atrás para seguir adelante

La aparición de Carmen Ferre en Desencuentro añadió uno de los momentos más delicados del concierto, antes de una emocionante interpretación de Por Fin, acompañada por visuales marinos y un amanecer que poco a poco iba ganando protagonismo en las pantallas.

Las imágenes de un pequeño Pablo cantando, disfrazado, tocando el piano o jugando frente a la cámara comenzaron a aparecer poco después, coincidiendo con la llegada de KM0.

Mientras las pantallas laterales recuperaban esos recuerdos de infancia y la Plaza de España volvía a teñirse completamente de rojo, el artista interpretaba una canción que no solo da nombre al disco y a la gira, sino también a una etapa marcada por la necesidad de parar, tomar distancia y reencontrarse con la música.

Una sensación que había estado presente desde el inicio del concierto y que seguía apareciendo en muchas de las letras de este nuevo trabajo.

🌊 La vida que nos espera

Prometo devolvió el azul al escenario y las imágenes de un océano acompañaron uno de los temas más reconocibles de su repertorio.

Los sonidos más recientes regresaron con Copiloto, mientras Vívela coincidía con un fan project protagonizado por barras luminosas rojas que terminaron integrándose con los propios visuales del espectáculo.

© Pablo Alborán en Icónica · Mauri Buhigas

La recta final llegó con La Fiesta y Vivir, una conversación entre percusiones y una sucesión de paisajes naturales que parecían prolongar la belleza de la propia Plaza de España.

La Vida que Nos Espera recuperó el rojo como gran protagonista antes de que Si Quisieras pusiera el broche definitivo a una noche que concluyó pasadas las doce y media.

"Que viva el amor, que viva la Plaza de España y que viva Sevilla", repitió varias veces a lo largo del concierto.

Y quizá no había mejor forma de resumir una noche que sirvió para comprobar que, tres años después de su última gran gira, Pablo Alborán sigue encontrando en Sevilla uno de esos lugares a los que siempre merece la pena volver.

La misma ciudad que años atrás lo recibió en la Sala Caramelo y que, una vez más, volvió a acompañarlo en este nuevo kilómetro cero.

La segunda semana de Icónica Santalucía Sevilla Fest continuaba el viernes con otro de los grandes nombres de Andalucía. Apenas veinticuatro horas después del paso de Lola Índigo por la Plaza de España, era el turno de Pablo Alborán, que regresaba a Sevilla después de haber arrancado su nueva gira en ciudades como Madrid, Bilbao, Barcelona, Valencia o Murcia y de firmar, apenas unos días antes, una noche histórica en Marenostrum Fuengirola.

Pero la cita sevillana llegaba con un contexto diferente. Si la granadina había apostado por un repaso a todos sus éxitos, el malagueño aterrizaba con una propuesta claramente marcada por KM0, un trabajo concebido tras casi tres años lejos de los escenarios y que gira alrededor de una idea muy concreta: volver a empezar.

También cambiaba el ambiente. Frente al público más familiar de las jornadas de Aitana o Lola Índigo, la Plaza de España presentaba un perfil ligeramente más adulto, con una audiencia joven, situada mayoritariamente entre los veinte y los treinta años, aunque con la misma energía y las mismas ganas de disfrutar de una nueva noche en Icónica.

En esta ocasión sí hubo tiempo para disfrutar del espectáculo de Icónica Lights, dedicado este año a Granada. Y a las 22:36, con unos minutos de retraso, las pantallas comenzaban a mostrar montañas, carreteras, coordenadas y relojes. Una sucesión de imágenes en blanco y negro que poco a poco se irían transformando hasta desembocar en el color que ha presidido toda esta nueva etapa.

El rojo.

© Pablo Alborán en la Plaza de España · Mauri Buhigas
© Pablo Alborán en Icónica · Mauri Buhigas

💙 Una producción marcada por el universo de KM0

La aparición de Pablo Alborán sobre un escenario completamente teñido de rojo daba paso a Clickbait, uno de los temas más destacados de su último trabajo. Desde los primeros minutos resultaba evidente que la producción había sido diseñada alrededor del imaginario visual del disco.

Tabú introducía las primeras tonalidades azules de la noche y permitía descubrir una banda formada por seis músicos que acompañarían al artista durante todo el concierto.

"Sevilla, buenas noches. Madre mía, estar aquí es un regalo. Volvemos a tejer juntos varios recuerdos, como si cada canción fuera un hilo que va a unir nuestros corazones. Esta noche mi reto es que sea una noche imborrable para vosotros y para nosotros, y que las canciones corran como el Guadalquivir".

No tardó demasiado en aparecer el Pablo más cercano.

© Pablo Alborán en Icónica · Mauri Buhigas

Quién, introducida desde el piano y con los distintos instrumentos incorporándose poco a poco, recuperaba uno de los grandes clásicos de su repertorio bajo una nueva sensibilidad. Algo parecido ocurría con Me Quedo, donde la flauta travesera adquiría un protagonismo especial entre visuales dominados por elementos naturales y primeros planos del propio artista.

Una vez más, Pablo volvió a apostar por reinterpretar buena parte de su repertorio. Una decisión que lleva años acompañando a sus directos y que aportaun matiz distinto a canciones que el público conoce prácticamente de memoria.

🌅 Entre el desamor y las canciones de siempre

La transición hacia Vámonos de Aquí introducía una estética cercana al western, con guitarras, golpes contra el suelo y un vehículo con matrícula KM0 proyectado en las pantallas. La Plaza de España, nuevamente bañada de rojo, acompañó uno de los momentos más celebrados del concierto.

"Se acabó el amor, vámonos de aquí, fuimos dos idiotas intentando ser feliz", cantaba una Plaza de España completamente teñida de rojo.

No Vaya a Ser cambió por completo el paisaje visual, sustituyendo los rojos por tonos celestes y una gran selva proyectada sobre las pantallas. También aquí cobraron especial protagonismo las luces situadas tras el escenario, que permitían extender la experiencia al conjunto del monumento.

Poco después llegaría uno de los momentos más distendidos de la noche.

© Pablo Alborán en la Plaza de España · Mauri Buhigas
© Pablo Alborán en Icónica · Mauri Buhigas

Antes de interpretar Qué Tal Te Va, Pablo compartió con humor la historia de una seguidora que, según le había contado, se había encontrado en la cola del concierto con su expareja y aquella persona que supuestamente "solo era un amigo". Entre risas y un improvisado "salseo, salseo", el artista convirtió la canción en una especie de terapia colectiva para todos los corazones rotos presentes aquella noche.

"Qué bonita esta tierra, Sevilla", comentaba poco después.

Y canciones como Tanto volvían a recordar por qué buena parte del repertorio del malagueño ha conseguido mantenerse vigente durante tantos años.

🎹 Un concierto que también encontró espacio para la intimidad

Con el bajista permaneciendo solo sobre el escenario, el concierto entró en uno de sus bloques más íntimos.

Mis 36 y Planta 7 devolvieron a Pablo al piano, acompañado únicamente por una iluminación roja y blanca y por un gran círculo carmesí proyectado sobre las pantallas. Antes de interpretar esta última, el artista la definía como un canto a la esperanza para todas aquellas personas que alguna vez han rezado por alguien cercano.

La llegada de Algo de Mí permitió recuperar a toda la banda y dar paso a uno de esos momentos que forman parte de la personalidad de sus conciertos.

© Pablo Alborán en la Plaza de España · Mauri Buhigas
© Pablo Alborán en Icónica · Mauri Buhigas

Tras leer varios carteles entre el público, Pablo escogió a un grupo de seguidores para compartir escenario con él durante el medley formado por Perfectos Imperfectos, Que Siempre Sea Verano, Tu Refugio y Dónde Está el Amor. Rodeado por toda la banda y por esos invitados improvisados, el malagueño fue enlazando canciones bajo una iluminación mucho más cálida.

La siguiente sorpresa llegó con Perdóname. Antes de comenzar, Pablo confesó que le habían asegurado que en Sevilla se bailaba especialmente bien la bachata. Y precisamente bajo ese lenguaje decidió reinterpretar uno de los mayores éxitos de su carrera.

Sevilla, Saturno y los recuerdos

Pasos de Cero y una primera interpretación de Tiempos Bonitos, una canción todavía inédita que definió como un tema para el verano, sirvieron como antesala de uno de los momentos más especiales de toda la noche.

La Plaza de España se llenó de miles de luces procedentes de los teléfonos móviles durante Saturno, mientras las pantallas recuperaban las tonalidades en blanco y negro.

Cuando la canción terminó, Pablo aprovechó para agradecer el cariño recibido durante todos estos años, recordar el papel que juega el público en su vida y dedicar unas palabras tanto a su familia, presente aquella noche en Sevilla, como a todas las personas que trabajan detrás del escenario.

También hubo tiempo para mirar atrás: el malagueño recordó aquella primera visita a la desaparecida Sala Caramelo, cuando el público agotó las entradas y permaneció a las puertas esperando un segundo pase.

"Siempre estaré para Sevilla", confesaba antes de arrancar una de las grandes ovaciones de la noche.

"Con S de Sevilla, S de Saturno y S de Solamente Tú".

Y precisamente Solamente Tú apareció poco después bajo una atmósfera azul y acompañado únicamente por una guitarra.

© Pablo Alborán en la Plaza de España · Mauri Buhigas
© Pablo Alborán en Icónica · Mauri Buhigas

🤍 Mirar atrás para seguir adelante

La aparición de Carmen Ferre en Desencuentro añadió uno de los momentos más delicados del concierto, antes de una emocionante interpretación de Por Fin, acompañada por visuales marinos y un amanecer que poco a poco iba ganando protagonismo en las pantallas.

Las imágenes de un pequeño Pablo cantando, disfrazado, tocando el piano o jugando frente a la cámara comenzaron a aparecer poco después, coincidiendo con la llegada de KM0.

Mientras las pantallas laterales recuperaban esos recuerdos de infancia y la Plaza de España volvía a teñirse completamente de rojo, el artista interpretaba una canción que no solo da nombre al disco y a la gira, sino también a una etapa marcada por la necesidad de parar, tomar distancia y reencontrarse con la música.

Una sensación que había estado presente desde el inicio del concierto y que seguía apareciendo en muchas de las letras de este nuevo trabajo.

🌊 La vida que nos espera

Prometo devolvió el azul al escenario y las imágenes de un océano acompañaron uno de los temas más reconocibles de su repertorio.

Los sonidos más recientes regresaron con Copiloto, mientras Vívela coincidía con un fan project protagonizado por barras luminosas rojas que terminaron integrándose con los propios visuales del espectáculo.

© Pablo Alborán en Icónica · Mauri Buhigas

La recta final llegó con La Fiesta y Vivir, una conversación entre percusiones y una sucesión de paisajes naturales que parecían prolongar la belleza de la propia Plaza de España.

La Vida que Nos Espera recuperó el rojo como gran protagonista antes de que Si Quisieras pusiera el broche definitivo a una noche que concluyó pasadas las doce y media.

"Que viva el amor, que viva la Plaza de España y que viva Sevilla", repitió varias veces a lo largo del concierto.

Y quizá no había mejor forma de resumir una noche que sirvió para comprobar que, tres años después de su última gran gira, Pablo Alborán sigue encontrando en Sevilla uno de esos lugares a los que siempre merece la pena volver.

La misma ciudad que años atrás lo recibió en la Sala Caramelo y que, una vez más, volvió a acompañarlo en este nuevo kilómetro cero.

José Antonio C.

Director

José Antonio C.

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