© Ruben Blades en Icónica Sevilla · Óscar Romero
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Rubén Blades convierte Icónica Sevilla en una lección de historia, memoria y salsa antes de iniciar su despedida de los escenarios

Rubén Blades convierte Icónica Sevilla en una lección de historia, memoria y salsa antes de iniciar su despedida de los escenarios

Rubén Blades convierte Icónica Sevilla en una lección de historia, memoria y salsa antes de iniciar su despedida de los escenarios

Hay artistas que ofrecen conciertos. Rubén Blades ofrece conversaciones. Mientras otros aprovechan los silencios para cambiar de guitarra o beber agua, el panameño utiliza cada pausa para explicar por qué escribió una canción, qué episodio histórico la inspiró o qué quería denunciar cuando decidió convertir una historia en salsa. Así transcurrió una de las noches más especiales de Icónica Santalucía Sevilla Fest 2026, una velada en la que la Plaza de España no solo bailó, sino que escuchó, reflexionó y viajó por buena parte de la historia reciente de Latinoamérica.

Después de la histórica clasificación de España para la final del Mundial y de una jornada marcada por la fiesta electrónica de Fatboy Slim, llegaba el turno de nuestra 25.ª cobertura del festival. La noche comenzaba con el concierto de Silvana Estrada, antes de que, a las 22:26 horas, el ya tradicional Icónica Lights anunciara la llegada del protagonista de la jornada.

La cita tenía además un componente especialmente emotivo. Rubén Blades ya ha anunciado que 2027 marcará el inicio de su retirada gradual de las giras internacionales, por lo que cada actuación adquiere un valor añadido. A sus 77 años —camino de los 78— el panameño sigue demostrando por qué acumula más de una veintena de premios Grammy y Latin Grammy y por qué su figura trasciende ampliamente la música. Actor, escritor, abogado y uno de los grandes cronistas sociales de la música latina, Sevilla asistía probablemente a una de las últimas oportunidades de disfrutar de este formato junto a su espectacular orquesta de más de veinte músicos.

© Ruben Blades en Icónica Sevilla · Óscar Romero

🎺 Una orquesta gigantesca para un espectáculo donde lo importante eran las historias

La puesta en escena era sobria. Sin grandes artificios visuales ni estructuras imposibles. Toda la atención recaía sobre una impresionante formación de más de veinte músicos completamente vestidos de negro, al igual que el propio Blades, que aparecía sobre el escenario con un elegante traje oscuro. La producción entendía perfectamente que el protagonismo no debía recaer en la escenografía, sino en el inmenso repertorio del artista y en las historias que lo acompañan.

El concierto arrancaba con "Plástico", uno de los grandes himnos de su carrera. Mientras en las pantallas aparecía la ya icónica "chica plástica", Sevilla comenzaba a corear un tema que, casi cincuenta años después de su publicación, mantiene intacta toda su vigencia. El propio Blades ha explicado en numerosas ocasiones que decidió comenzar aquella canción con un ritmo cercano al funk para burlarse precisamente de las modas musicales de finales de los años setenta, una decisión que muchos consideraron una locura y que terminaría convirtiendo el tema en uno de los mayores clásicos de la salsa con conciencia social.

Poco después llegaría "Decisiones", otra de esas canciones donde cada estrofa funciona como un pequeño relato independiente. En los visuales, distintas ilustraciones iban representando cada una de esas historias mientras la orquesta se balanceaba al ritmo del tema, demostrando la enorme compenetración entre todos sus integrantes.

© Ruben Blades en Icónica Sevilla · Niccolò Guasti

🌎 Un concierto que recorría la historia de Latinoamérica

Fue precisamente tras esos primeros temas cuando apareció el Rubén Blades más cercano. Saludó a Sevilla, agradeció la invitación de Icónica Santalucía Sevilla Fest, felicitó públicamente a una asistente por su cumpleaños, dedicó unas palabras a Silvana Estrada y, especialmente, quiso reconocer el trabajo de todo el equipo técnico que acompaña la gira, recordando que "tener amigos a veces también es una condena", arrancando las primeras carcajadas de la Plaza.

A partir de ahí, el concierto dejó de ser únicamente un recorrido por sus canciones para convertirse en una auténtica clase magistral sobre América Latina. Antes de interpretar "País Portátil", explicó cómo escribió aquella canción en 2001 y lamentó que, más de veinte años después, el mundo siga enfrentándose prácticamente a los mismos problemas que inspiraron su composición.

Entonces llegó uno de los momentos más espontáneos de la noche. El artista se dio cuenta de que había omitido una canción prevista inicialmente en el repertorio y, girándose hacia la orquesta, preguntó entre risas si todavía la recordaban. Así apareció "Emigrantes", un tema que ni siquiera figuraba en el setlist previsto y que decidió recuperar sobre la marcha para dedicarlo a todas aquellas personas que, como él mismo, tuvieron que abandonar su país. Aprovechó entonces para recordar que dejó Panamá en 1974 debido a la situación política y para reivindicar la realidad de millones de migrantes en todo el mundo, bromeando incluso con que "los primeros emigrantes ilegales fueron los conquistadores españoles".

© Ruben Blades en Icónica Sevilla · Óscar Romero

📖 Gabriel García Márquez, dictaduras y memoria histórica

Cada nueva canción abría la puerta a una historia diferente. Antes de "Ojos de Perro Azul", recordó cómo había intentado convencer a Gabriel García Márquez para realizar juntos un proyecto musical inspirado en sus relatos. El escritor rechazó la propuesta y el disco terminó siendo uno de los trabajos peor recibidos de toda su carrera. Blades bromeó asegurando que únicamente se vendieron dos copias: una la compró el propio García Márquez y la otra él mismo. Sin embargo, el tiempo terminó colocando aquella obra en el lugar que merecía.

El tono cambió por completo cuando llegó "El Padre Antonio". Con imágenes de una catedral proyectadas sobre las pantallas, recordó la violencia política que marcó buena parte de Centroamérica durante los años ochenta. Explicó que compuso la canción como homenaje al arzobispo Óscar Arnulfo Romero, asesinado en El Salvador, y que tuvo que disfrazar el relato bajo la apariencia de un sacerdote ficticio para evitar que la discográfica censurara el contenido político del tema.

En uno de los momentos más emotivos de la noche también recuperó "La Belleza del Son", donde presentó a varios integrantes de su orquesta, mientras "Arauye" y "Paula C." devolvían un ambiente mucho más festivo sin perder nunca ese componente narrativo que acompañó todo el espectáculo.

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❤️ "Amor y Control": el momento más humano de la noche

Si hubo una canción capaz de detener completamente el ritmo del concierto fue "Amor y Control".

Antes de interpretarla, Blades explicó cómo la enfermedad terminal de su madre cambió por completo el disco que estaba preparando en aquellos años. Recordó las largas jornadas en el hospital, el momento en el que observó a otra familia atravesando una situación igualmente complicada y cómo aquella escena terminó convirtiéndose en una de las composiciones más importantes de toda su trayectoria.

Mientras sonaban los primeros acordes, la Plaza de España permanecía prácticamente en silencio, consciente de que no estaba escuchando únicamente una canción, sino el relato de una experiencia profundamente personal. El artista reconocería años después que durante mucho tiempo fue incapaz de interpretarla en directo porque se le quebraba la voz al recordar aquellos momentos.

© Ruben Blades en Icónica Sevilla · Niccolò Guasti

🎶 Cuando cada canción escondía una historia diferente

El concierto continuó con "Todos Vuelven", homenajeando al poeta peruano César Miró y recordando cómo incluso el propio autor terminó aceptando una adaptación que inicialmente no le había convencido. Poco después llegaría "María Lionza", aprovechando para mostrar públicamente su apoyo al pueblo venezolano y explicar que sus donaciones siempre se canalizan directamente a través de organizaciones humanitarias.

Con "Ligia Elena", Blades volvió a recurrir al humor para recordar que detrás de aquella aparentemente alegre historia de amor se escondía una crítica feroz al clasismo y al racismo que durante décadas marcaron a buena parte de las élites latinoamericanas.

La recta final reservaba uno de los momentos más esperados de la noche con "El Cantante". Sobre las pantallas aparecía Héctor Lavoe mientras el panameño recordaba que originalmente aquella canción iba a interpretarla él mismo. Sin embargo, comprendió que la historia reflejaba mucho mejor la vida que estaba atravesando Lavoe en aquel momento y decidió cedérsela, regalándole sin saberlo uno de los himnos más importantes de toda la historia de la salsa.

© Ruben Blades en Icónica Sevilla · Niccolò Guasti

🎭 Un final a la altura de una leyenda

Tras una breve falsa despedida, Sevilla sabía perfectamente qué faltaba.

"Pedro Navaja" aparecía finalmente como el gran cierre de la noche, con toda la Plaza completamente entregada y las cegadoras iluminando cada rincón del recinto. Después llegaría "Maestra Vida" como despedida definitiva, poniendo el broche a una actuación que se prolongó hasta las 00:16 horas.

Al abandonar la Plaza de España quedaba una sensación difícil de explicar. Más allá del impecable nivel musical de una orquesta extraordinaria o de la enorme vigencia de un repertorio que continúa sonando plenamente actual, Rubén Blades volvió a demostrar que sus conciertos nunca han consistido únicamente en cantar canciones.

Son espacios para hablar de memoria, de migraciones, de política, de racismo, de familia, de literatura y de esperanza.

Y precisamente por eso, con el horizonte de su retirada internacional cada vez más cerca, esta actuación en Sevilla adquiere un valor todavía mayor. Porque algunas noches se recuerdan por un gran espectáculo.

Y otras, como esta, porque durante algo más de hora y media uno tiene la sensación de haber asistido a una auténtica lección de historia contada al ritmo de la salsa.

José Antonio C.

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