Hacía apenas un mes, Pablo López cancelaba su concierto en Marenostrum Fuengirola minutos antes de salir a escena. Una lesión muscular grave lo dejó "totalmente incapacitado" y terminó en un hospital, según contó él mismo en un vídeo publicado por su equipo: "es la primera vez en mi vida que me pasa algo así, y tenía que ser en mi tierra, con mi gente, en Fuengirola". Volvió a los escenarios a finales de julio, y el 4 de agosto le tocaba turno a Chiclana de la Frontera, donde el Concert Music Festival lo recibía por tercera vez: ya había pasado por el recinto de Sancti Petri en 2021, con el MayDay & Stay Tour, y de nuevo en 2023, presentando "Quasi". Esta vez llegaba dentro de El Niño del Espacio, la gira que da nombre también a su próximo disco, El Cuatro, que publicará el 18 de septiembre y del que apenas cinco días antes había adelantado "Como Soy". Con ese mes por detrás, lo que ofreció Pablo López en Chiclana no fue tanto un concierto pensado para correr de tema en tema como una noche construida, a partes iguales, de canciones y de conversación.
El escenario, montado sobre el mismo Poblado de Sancti Petri que ya conoce, apostaba por una producción deliberadamente sencilla: un piano en el centro, tres pantallas alrededor y, repartidos por la plataforma, la batería, distintas guitarras y el resto de instrumentos de la banda. Antes de que sonara la primera nota, todo permanecía apagado salvo la base del primer nivel, iluminada en blanco. Sin fuegos artificiales ni grandes efectos que anunciar, el propio Pablo López, sentado al piano, iba a ser durante las casi dos horas siguientes el centro absoluto de la puesta en escena.
🎹 "Buenas noches, Chiclana, mundo, mar"
El concierto arrancó a las 22:07 horas con "Como Soy", el single publicado apenas cinco días antes como adelanto de El Cuatro. A mitad de tema llegó el primer saludo: "buenas noches, Chiclana, mundo, mar...". Fue solo el aperitivo de un discurso que se extendería sin prisa antes de la segunda canción — de dónde fuera cada uno, de Cádiz o "de todas partes", daba igual: "gracias por estar aquí esta noche". Y entonces, en vez de encadenar el siguiente tema, abrió el turno de peticiones al público, algo que iba a repetirse como costumbre durante toda la noche: "es un lujo estar aquí, desde lejos y desde cerca".
Con "Trece", bajo dos haces de luz púrpura, situado en el centro del escenario, insistió en la misma idea con otras palabras: "qué bonito es que te dediquen un día... llevo callado dos semanas, estoy aquí, me encanta este lugar... es una suerte que estéis aquí, gracias por estar aquí". Ya en "El Niño del Espacio", acompañado por guitarrista, bajista, batería y una pareja de metales, bajo visuales de edificios e iluminación anaranjada, bajó primero al foso y después al front stage para pedir aplausos y que Cádiz cantara. Toda la noche, cada canción llegaría reinterpretada y alargada — verlo disfrutar encima del escenario era, en sí mismo, parte del espectáculo.

© Pablo López en Concert Music Festival · Redes
🐈⬛ Un gato llamado Ánimo y las luces que apagó él mismo
"La Niña de la Linterna" empezó a oscuras y fue encendiéndose en naranja y lila a medida que se acercaba el estribillo, con la batería ganando protagonismo. Pablo pidió al público que encendiera los flashes de los móviles justo cuando la pantalla trasera simulaba un atardecer anaranjado, y en mitad del tema le pidió a Lluís, su técnico de iluminación, que apagara todas las luces del escenario —incluido el foco que lo iluminaba a él— para que fuera Chiclana quien encendiera las suyas. Fue también en ese tramo cuando reparamos en un detalle de producción fácil de pasar por alto: las cegadoras de la parte superior del escenario se habían cambiado de sitio a los laterales desde la canción anterior, un cambio que solo notan quienes siguen de cerca este tipo de montajes noche tras noche.
Pablo, mientras tanto, tiraba de un hilo completamente distinto: contó que esa misma tarde le habían enseñado una foto de un gato negro llamado Ánimo que vive en su casa, que se escapa y que, según él, "le da miedo llamar la atención" con su negrura. "Al final del día todos nos conocemos, y a veces queremos huir", remató, antes de dedicar la canción que venía a ese instinto compartido: "todos tenemos nuestro gatito negro dentro, se llama: Me Voy a Escapar". Fue el primer aviso de por dónde iba a moverse el resto de la noche — un artista dispuesto a tirar del hilo de cualquier pensamiento, por pequeño que fuera, hasta encontrar la canción que le esperaba al final.
"Me Voy a Escapar" sonó bajo luces blancas, con una roca de fondo teñida de rojo y humo bajo, presentada además como pre-release de su nuevo proyecto. En mitad del tema se coló un giro inesperado: una versión de "Eres Tú", de Mocedades, cantada bajo un único haz de luz azul mientras sus manos sobre el teclado se proyectaban en las pantallas laterales y el resto del escenario permanecía a oscuras. "Me encanta Cádiz, me encanta cómo sois", dijo. "Viva la vida y la música, de verdad".
🎤 La canción que se le fue de las manos
Con "Lo Saben Mis Zapatos" volvió el único haz de luz y llegó, por fin, el coro masivo de todo Sancti Petri sobre uno de esos himnos atemporales que casi todo el mundo ha escuchado alguna vez. Se levantó del piano para aplaudir al público y retomó "Eres Tú" una tercera vez, esta vez sin instrumentos ni micrófono, solo con la voz, antes de cerrar el piano y retirarse a un lateral. Fue entonces cuando explicó, sin que nadie se lo preguntara, qué significaba para él la libertad: "un día me dieron la oportunidad de hacer música y expresarme de esa manera... no sé si fue buena o mala idea, pero fue hermoso... gracias a la gente que hace esto, porque un día me dieron libertad, y eso no tiene precio".
"La Libertad" arrancó con todo el público aplaudiendo al mismo ritmo bajo un escenario amarillo y rosado — "¡sácame las manos, que las vea!" —, hasta que, ya completamente a oscuras salvo por un haz de luz desde uno de los trusses más altos, Pablo se lanzó a contar la historia de una canción que se le había "ido de las manos": la de su madre, ausente esa noche, y una melodía con la que reconoció haberse "peleado" antes de improvisar unos compases de "Kiss From a Rose", de Seal — "esa no la canté yo, qué bonito es que te roben" — y cerrar la idea con una frase que podría servir de resumen de toda la actuación: "todos hemos tenido un día inolvidable en agosto". No fue el único momento en que el concierto se detuvo a media frase para perseguir un recuerdo antes de volver a la canción: fue, más bien, la manera que eligió esa noche de estar en el escenario — menos pendiente de la siguiente entrada de la banda que de terminar cada pensamiento en voz alta, con el público como única compañía.

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💡 Un apagón en la mesa y un "efectivamente" que hizo gracia
No todo salió según el guion técnico. Durante "Te Espero Aquí", bajo luces azules y focos blancos, se apagó la mesa de luces —una grandMA3— al técnico, y la iluminación se quedó estática el resto del tema; Pablo terminó interpretándolo a golpes sobre la propia mesa del piano, sin tocarlo, con las cegadoras encendidas aunque ya no tuvieran nada que ver con lo que sonaba. En medio del silencio entre canciones se escuchó a una niña gritar "¡te quiero, Pablo!", a lo que él respondió, sin perder el paso: "qué guay la vida, quillo".
Con "Esdrújula", la producción recuperó protagonismo — pantalla y focos laterales encendidos, la banda de vuelta al primer plano tras varios temas de haces puntuales, el celeste como color dominante. Bajo un único foco blanco, Pablo dejó caer una frase inconexa sobre lo bonita que es la música y "una marea, vete tú a saber qué...", hasta que se calló a media frase. El público, con cariño, le gritó "¡insoportable!". Él, sin perder una sonrisa, respondió: "efectivamente". Fue uno de esos intercambios que solo funcionan cuando un artista lleva ya muchas noches ganándose a un público que le sigue el juego sin necesidad de que termine sus propias frases.
🤠 De Sevilla 2021 a un avión escoltado por F19
"Quasi" — el mismo tema con el que se presentó en este festival en 2023 — llegó con una de las producciones más trabajadas de la noche, luces amarillas y naranjas, y a Pablo levantándose para cantarlo cerca del público mientras la banda bajaba del segundo nivel del escenario a abrazarlo. Entre risas, bromeó con alguien del público: "me ha dicho que me va a llevar a su casa, te vas a arrepentir, ¿eh!" y confesó, mitad en broma, mitad en serio: "intentando alargar el concierto desde 1994... he hecho una canción nueva!".
Con "Vi" llegó la comparación que su propia trayectoria pedía a gritos: bajo luces blancas y amarillas, sobre un fondo de rayas blancas, sonó uno de esos himnos atemporales que resulta imposible de separar de otro momento muy concreto de su carrera — el concierto que ofreció en La Maestranza de Sevilla en 2021, registrado después en el disco en directo Un Piano y una Voz en 360º desde La Maestranza de Sevilla, con el público rodeándolo por completo. Fue también en ese tramo cuando el hilo de sus pensamientos viajó más lejos que en toda la noche: una historia de amor contada entre risas, situada en Nueva York, con paradas imaginarias en "Paco Manteca" y en la calle Sevilla de Fuengirola, un avión privado "escoltado por F19" y una pluma Montblanc con la que, dijo, se inspiró para escribir sobre lo bonito que es "el abrazo y morrearse cara a cara". Con "Tu Enemigo" bajó de nuevo al foso, después al front stage, se paseó entre el público y acabó subido a la grada de la derecha, cantando desde arriba con la vista puesta en la pista.

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🪑 El círculo acústico: de Antonio Orozco al Gran Teatro Falla
El concierto cambió de piel con "Mariposa", interpretada en formato acústico con la banda sentada alrededor de él, como si aquello fuera, más que un festival, una reunión entre amigos con las luces en lila y blanco. Cantó a capela "Pedazitos de Ti", de Antonio Orozco, y el público respondió coreando "qué bonito, qué bonito" mientras alguien gritaba, entre el entusiasmo generalizado de la grada gaditana, "¡estamos en el Falla!" — en referencia al Gran Teatro Falla, el corazón del Carnaval de Cádiz, la comparación más alta que puede hacer un público de esta provincia sobre una noche de música. "Se acabó la gira", bromeó Pablo, en medio del cariño con el que la grada gaditana llevaba toda la noche reclamándolo como suyo. Encadenó, ya sin red, un fragmento improvisado y desordenado de una canción que no llegó a cerrar del todo, entre risas propias y ajenas, antes de reconducir el concierto hacia "Mamá No".
Con las luces azules encendidas en el lateral del escenario, dijo: "me conocen por culpa de Cádiz", en versión igualmente acústica. Y llegó, ya como cierre de ese bloque íntimo, "El Abrazo Más Grande de Todos los Tiempos": "qué bonito un abrazo", "qué bonita la vida", con la banda todavía sentada en sus banquetas, las cegadoras encendidas y una iluminación rosada que dejaba la pantalla apagada por primera vez en toda la noche. Cuando la banda se retiró y solo quedó él bajo esa misma luz rosa, alguien del público resumió el sentir generalizado: "¡qué arte tiene Pablo!".
📱 Chiclana convertida en una marea de móviles
"El Mundo" llegó con una anécdota que conectaba directamente con el espíritu de toda la noche: "el otro día canté esta canción con una niña que se llama Lola López, y me di cuenta de lo que hablaba", contó, antes de dedicarla "a toda la gente que es gente, que vive, que disfruta" y recordar que "los niños te pueden enseñar muchas cosas". Chiclana entera respondió encendiendo los móviles hasta convertir el recinto en una marea de luces, con gran presencia de los metales durante los bloques instrumentales y Pablo levantándose de la banqueta una y otra vez para cantarla de pie.
"El Patio" cerró aparentemente el cuerpo del concierto bajo un único haz de luz blanco, con la pantalla central pasando del azul al blanco durante el estribillo y la silueta de la banda proyectada en negro. La despedida, sin embargo, fue falsa: a las 23:53 horas, Pablo reapareció solo en el escenario para arrancar el bis.

© Pablo López en Concert Music Festival · Redes
🎺 Un bis de agradecimientos, un anuncio y un beso robado
El regreso arrancó con una versión de "Viviendo Deprisa", de Alejandro Sanz — "esta la he escrito de los de aquí para allá", bromeó sobre la autoría—, que sirvió de puente hacia una de las reflexiones más largas de la noche: contó que, el día anterior, iba en coche con un amigo de un pueblo de Madrid que, al verse rodeado de Andalucía, le confesó que le entraban ganas de llorar todo el rato. De ahí saltó a un aplauso para Miki Martínez, su batería —"a veces pienso qué bien maneja el volumen, aquí a mis espaldas, con todo el amor, con toda la vida"—, y a la presentación de los dos guitarristas de la banda.
Con "Mariposa Teknicolor" llegó el turno de Santi, a la trompeta, con un solo que Pablo agradeció de corazón antes de dirigirse "a la gente que no se ve" — el equipo técnico que sostiene cada noche del Niño del Espacio en concierto sin subirse nunca al escenario. Mencionó a un amigo, Abraham, presente esa noche junto a su familia, con una gratitud que se le quebró en la voz: "no me salen estas palabras cuando hay alguien en el público que quiero tanto, gracias por tanto". En ese mismo tramo dejó caer, sin que quedara claro cuánto había de broma, que se retiraba de la música "de aquí a octubre" — una ocurrencia más de una noche hecha de este tipo de salidas, que la propia gira desmiente por sí sola con fechas ya confirmadas hasta finales de octubre— antes de interpretar "Quién Manda Aquí" y señalar a una de las integrantes de la sección de metales, que salió corriendo hasta el escenario para darle un beso entre los aplausos de todo Sancti Petri.
🌊 Lo que deja un mes de agosto para el recuerdo
Lo que Concert Music Festival vio en Chiclana no fue el concierto más ajustado que Pablo López ha ofrecido en este mismo recinto — ni el de 2021, con el eco todavía fresco de un formato en 360 grados en La Maestranza, ni el de 2023, cuando presentó "Quasi" con una videollamada a su madre en pleno directo. Fue, en cambio, la versión más habladora de un artista que a estas alturas de carrera ya no necesita demostrar nada con la voz: un mes después de cancelar en su propia tierra por una lesión que lo mandó al hospital, prefirió dedicar buena parte de sus casi dos horas sobre el escenario a terminar cada pensamiento en voz alta, tirar del hilo de cualquier anécdota —un gato, un avión, un amigo emocionado en un coche— y dejar que el público le siguiera el paso antes de resolverlo todo, siempre, en una canción.
Con El Cuatro todavía por llegar el 18 de septiembre y "Como Soy" recién estrenado, Chiclana se despidió de Pablo López sabiendo que volverá a verlo, en algún escenario andaluz, presentando ya el disco entero. Nuestra cobertura del Concert Music Festival no se detiene: volvemos el viernes 7 de agosto a Sancti Petri, donde Ana Torroja tomará el escenario acompañada de Oro Viejo by DJ Nano.







